
Ese fué el comentario de mi hija de casi tres años ayer. Yo como daltónico no lo veo muy claro, pero me fío de ella, y ciertamente, las nubes oscuras con la luz del atardecer, le dieron un ambiente mágico.
Llevamos unos días de cielos asombrosos en Zaragoza. Azules profundos por el cierzo (aprovecho para saludar a Arkangel), se tornan apocalípticos en pocos minutos por las tormentas o por los incendios o la suma de ambos.
En este sentido, tendríais que haber visto la suma de atardecer, rayos de tormenta, nube de humo y el haz del faro de la Cámara de Comercio. Digno de Metrópolis, Matrix y Blade Runner juntos. Unido al sonido de los truenos, el calor, la humedad, el olor a madera quemada, la dificultad para respirar con conato de asma incluido, resultó un espectáculo sobrecogedor.
Seré un poco masoca, pero hoy al recordarlo, me siento afortunado de haberlo experimentado.